2.23.2012

playa nocturna que se entristece con la ciudad y se alumbra con las voces que cantan sobre el retumbe de alguna percusión. y, en las sombras, bajo estrellas y polvo, algún grito de placer que llena de candela alguna habitación en algún sucio edificio de una sucia calla de la húmeda ciudadanía. a esos cuerpos se la va lo maquinario, se les viene lo natural. se les escapa el cemento y les entra lo humano. en esa vida, esos segundos de tacto, de piel, que no se le escapan a nadie. que se chorrean y caen en colchones de todo tipo, desparramándose, no solo por el piso de la habitación, ni del edificio, ni de la calle, ni de la ciudad. son instantes que iluminan el universo.
se necesitan noches mas duraderas, para dar mas tiempo al amanecer descansado. se necesitan noches mas duraderas para poder entrar en la oscuridad con todo el tiempo y la dulzura posibles. para poder, luego, disfrutar del sol.






¿Serán hijos de las violaciones, de la lujuria inagotable de los Conquistadores? ¿A quién pertenecerán sus corazones, el aliento de sus pechos? Sólo sé que se aman como animales sanos, sin cotonas ni inhibiciones. Así amaba nuestra gente antes que el dios extraño de los españoles prohibiera los placeres del amor.

(la mujer habitada)

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