Es un corte, el descanso del placer, cubierto de palabras que se olvidan apenas pronunciadas.
Más tarde es una incertidumbre sobre la ubicación de los pies, de los dedos, del principio y el fin, de la cama, el techo y hasta del abismo mismo.
Porque es más que delirio: Es la madrugada desierta, que se llena de respiración bajo el abrigo.
Es también la inhalación antes de hablar. Y ver por solo imaginar, por saber mi piel contra tu piel.
Es un instante entre nuestros labios. Seco y tácito. Que se funde, acariciando la única certeza posible: la de seguir así.
Planeando en un beso intermitente. Un beso que quedó sin terminar.