5.30.2011

El arte posibilita la creación, y la creación nos hace libres. Por lo tanto, a través del arte logramos el camino de la libertad.

Basha llegó a la Argentina en barco, el "Asturias", de la mano de una mujer en blanco y negro. Con pocos años y una valija metálica se registró como inmigrante. País de procedencia: Polonia. Bajo los datos, pusieron una foto de su cara y sus ojos perdidos. Y, con tinta negra, deshicieron su nombre y apellido. En un hecho sujeto a la decisión del funcionario público en el puerto, entró al país como Basia.
En Buenos Aires nació la fábrica de tejidos y, más tarde, su hermana menor. Ella, "Coquita", sin saber quienes eran los fotografiados, guardó las fotos que llegaron en la valija.
Cuando me las mostró, había algo presente en lo que ví. Una historia que rebalsaba de las imágenes, las caras de la gente. Una posibilidad de que ahora estén en cualquier parte del mundo, de que hayan sufrido torturas inimaginables. Su presencia sin nombre seguía en esos ojos a punto de quebrarse. Ojos saltones, narices torcidas, orejas grandes. Rasgos de otro continente.

Basia se convirtió en pintora. Su taller está repleto de lienzos de color. La primera vez que entré, en los caballetes había cuadros con barcos. Estaba pintando sus memorias del viaje a la Argentina, y los llenó de símbolos y dibujó rosas de los vientos. Anticipando una llegada, con miedos y ansiedad.
Hoy, colgadas de la pared, siguen dos obras de arte que me fascinan.
Una es un cuadro blanco con ovejas de plástico y ovillos de lana que se van enredando y anudando. Tiene palabras invisibles, palabras en idish. Y Basia dijo que es sobre la familia. Sobre varenikes, knishes, papas y cebollas, la fábrica de tejidos, lanas de colores, su papá, su tío y 1947.
La otra: una foto que sacó Saderman, un fotógrafo amigo. No pensé que la retratada era Basia hasta que alguien me lo hizo notar. ¿Y cómo imaginarmelo? Si a la mujer le faltaba algo para ser ella. Algo que había visto en los polacos en blanco y negro. Esos rasgos y marcas, después del dolor.

"A través del arte se interpreta la verdadera historia de la humanidad. La historia escrita puede ser apócrifa, tergiversada, pero en el arte no se puede mentir. Cada trago, cada gesto, cada color es revelador. La historia del arte es por lo tanto la gran reveladora de la historia del hombre.
Por eso los que conformamos la gran tribu artística, nos empeñamos en contar a través del arte nuestra porción de eternidad."

(Basia Kuperman, abril del 2004)

5.17.2011

Otra que una misma.

Va por la vereda de los números impares. Así llega más rápido, porque hay ineptos que no saben que caminando por una calle tan transitada como Alvear no podés ir a paso de tortuga. Total todos la chocan, nadie se fija. No se dan cuenta de que hay quienes no tienen tiempo.
Le encanta mirar a la gente que va por ahí. Ir tranquila, verlos con detenimiento, imaginarse sus historias en unos segundos. Los que pasan por la panadería y se les iluminan los ojos, las viejas que toman el té en la esquina soleada, los que se compran un cucurucho de Arnaldo, las parejitas de la mano, los chicos del Fátima, las minas baboseándose por un par de zapatos en un local.
Mira vidrieras. Debería tener dónde anotar las cosas que se quiere comprar. Unos aros no le vendrían mal. Uy, unas botas de cuero negro. Hace mucho que quiere esas. Podrían comprarle unas ahora, que viene su cumpleaños. Total, bastante gente le debe regalos, y eso siempre le ahorra un gasto a la hora de satisfacer sus necesidades indumentarias.
Las quiere. Lástima que sean tan caras, le da cosa pedir. Vergüenza de que la vean como una compradora compulsiva, o le digan que ya le dieron el nosequé hace poco. Ahora que los viejos le están pagando la carrera privada mejor no hacerlos gastar de más. Pero qué ganas le tiene a las botas.
Si empieza a vender las hebillas se podría comprar un par. Las usaría con un orgullo... Pasa que mientras estudia, vender es un embole. Hay que dedicarle tiempo a eso. Y tiempo, lo que se dice tiempo, ella no tiene.
No entiende a los que se la pasan comprando. ¿Por qué no caminar y disfrutar del paisaje? Aunque sea urbano. Tantas cosas atrás de la vidriera que ella no necesita... Tanta plata que puede gastar en otra cosa, tanto tiempo que le va a sobrar. El sistema es algo tan ridículo. Inventa necesidades, inventa crisis, depresiones, enfermedades, remedios, desastres, problemas. Y todo por llenar cada estúpido espacio de tiempo. ¿Por qué no usarlo para vivir la vida? En vez de pasar el tiempo libre, vivirlo.
Ella es todas esas y más en sólo cuatro cuadras. Es lo inconsciente, aunque no le guste, aunque no se quiera. Es todas las peleas internas dentro suyo, es su lado más sintético y el más profundo, está compuesta por pensamientos inculcados y por opiniones subversivas. Adentro tiene, también, una represora. Y, ahí, nadie se lleva bien con nadie. Igual, a veces se calman y se callan. Total hay que convivir, y mejor llevarse bien que andar a las patadas.
Es complicado ser una persona.

5.03.2011

Suene como suene, se van muriendo grandes escritores. Y hoy en día no se apagan solo sus cuerpos y sus mentes cuando llegan a viejos. Se mueren los escritores en la feria del marketing, se mueren los escritores que son periodistas acatando órdenes, se mueren los escritores llenos de polvo en la repisa más alta de una librería atestada de best-sellers.
Y ya se torturó a tanta gente por leer libros, se quemaron tantos libros, se murieron tantos escritores, que es mejor dejar que muera gente en los libros. Leer sobre asesinos.
Como Castel.


¿Un individuo es pernicioso? Pues se lo liquida y se acabó. Eso es lo que yo llamo una buena acción. Piensen cuánto peor es para la sociedad que ese individuo siga destilando su verano y que en vez de eliminarlo se quiera contrarrestar su acción recurriendo a anónimos, maledicencia y otros bajezas semejantes.
En lo que a mí se refiere, debo confesar que ahora lamento no haber aprovechado mejor el tiempo de mi libertad, liquidando a seis o siete tipos que conozco.
Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración. Bastaría un hecho para probarlo, en todo caso: en un campo de concentración un ex pianista se quejó de hambre y entonces le obligaron a comerse una rata, pero viva.
Ernesto Sábato. El túnel.

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