9.04.2012

Guarde, guarde.

Parece ser que, cuando una se siente atada a sus antepasados, a todos los papelitos y papelones guardados, a todo eso que no quiere ni puede tirar, tiene un miedo oculto a seguir adelante.
De chica, pegaba con cinta scotch monedas de veinticinco centavos a mis libros. Eran mi esperanza. Tenía la certeza de que en algún momento iba a tener que irme, que iba a haber una terrible inundación o un incendio, y no tendría pertenencia alguna. Absolutamente nada. Entonces iba a encontrar, por arte de magia, una moneda en un libro. Esa sería la salvación. Rescate literario. Gracias a la monedita y a la cinta scotch, no me convertiría en una vagabunda porteña (por lo menos por el momento).
Pero no guardo solo monedas: desde que tengo memoria que vengo acumulando hebillas de mi bisabuela, cartas al-chico-que-me-gusta, figuritas, fotos. Desde que me di cuenta de que todo termina, el tiempo pasa, vengo guardándome recuerdos, imágenes en la cabeza, frases de los sabios. No quiero que nada se me olvide.
El pasado es un misterio que nunca voy a descubrir del todo, del cual sólo pueden contarme ciertos detalles, generalidades sobre cómo eran las cosas. Trabajo de nunca acabar, el de conocer lo que no se conoció. Nadie jamás va a poder describirme las sensaciones momentáneas. Las pequeñas explosiones internas en las noches con amigos, los olores del verano, la calma de la hora de la siesta. Cuánto frío hacía en invierno, cómo era el silencio, cómo se sentían las manos de Juana. Las miradas y las facciones que se perdieron en las fusiones sanguíneas, en las noches acaloradas en las que los idiomas desaparecían y todo era piel, van a seguir siendo una incógnita. No las voy a ver más que en fotos.
Gente y lugares que sólo voy a conocer en blanco y negro.
Pero qué suerte que ya viene el futuro, con sus nuevos ojos, bocas, sus lenguajes y palabras. Lo que va venir a ser parte de mi pasado.

Futuro es muerte, pasado gente. Y el presente ¿qué? El presente es nada más. [...] Solo quisiera un poco más para vivir. 
Jaime Roos, Tema del hombre solo.

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