5.03.2011

Suene como suene, se van muriendo grandes escritores. Y hoy en día no se apagan solo sus cuerpos y sus mentes cuando llegan a viejos. Se mueren los escritores en la feria del marketing, se mueren los escritores que son periodistas acatando órdenes, se mueren los escritores llenos de polvo en la repisa más alta de una librería atestada de best-sellers.
Y ya se torturó a tanta gente por leer libros, se quemaron tantos libros, se murieron tantos escritores, que es mejor dejar que muera gente en los libros. Leer sobre asesinos.
Como Castel.


¿Un individuo es pernicioso? Pues se lo liquida y se acabó. Eso es lo que yo llamo una buena acción. Piensen cuánto peor es para la sociedad que ese individuo siga destilando su verano y que en vez de eliminarlo se quiera contrarrestar su acción recurriendo a anónimos, maledicencia y otros bajezas semejantes.
En lo que a mí se refiere, debo confesar que ahora lamento no haber aprovechado mejor el tiempo de mi libertad, liquidando a seis o siete tipos que conozco.
Que el mundo es horrible, es una verdad que no necesita demostración. Bastaría un hecho para probarlo, en todo caso: en un campo de concentración un ex pianista se quejó de hambre y entonces le obligaron a comerse una rata, pero viva.
Ernesto Sábato. El túnel.

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