6.06.2010

Mi colombina

Tanto fumar, y tanto reír, y tanto mirar tu boca. Como quisiera ser aire, del aire que te toca.

Tenía tantos colores en la pupila que me sentía preparada para verlo. Mirarlo.
Una tarde de febrero sobre Montevideo, empezaba a oscurecer y algunas lamparitas rodeaban el Velódromo: Azules, Amarillas y Rojas. Las luces, que se cruzaban con el agua que corría por la vereda, y mis ojos brillando de emoción, eran mi primer carnaval uruguayo.
El tablado abriría sus puertas durante esas calurosas noches para albergar risas de todo tipo: la de los que se ríen tímidamente y entre dientes, las risas internas, las risas abiertas, las insoportables, las graciosas, las comunes.
El carnaval es bien popular, no se anda con teatro Solís, butacas nuevas y tapizadas, aire acondicionado. Hay que ir a disfrutar del club de barrio, de las sillas de plástico y las comidas caseras, la familia. Entre el público podés ver extranjeros, estudiantes, familias, jubilados, trabajadores, chicos, bebés. El kiosquero al que le compraste cigarrillos hoy puede estar al lado de el dueño de los juegos del Parque Rodó. Quién sabe.
Saqué la entrada para ver de cerca

Maquillado, vi a un estudiante de derecho volverse el futuro murguista. Un disfraz a lunares negros y su sombrero de alto copete subió al escenario. Y tal vez, debajo, el traje gris que había usado esa tarde en su trabajo de pasantía. Le sonreí desde el pasto, me emocioné con la mirada sin que me notara. El tablado era el único iluminado, los puestos de comida estaban cerrando. Se iban mezclando en el aire brillante la brisa del mar y el olor a chivito con queso, a
Y las voces, y los ruidos, y los golpes del redoblante me sacudieron. Y su canto me crispó la piel. No pude evitar quedarme en silencio mientras el público comentaba, los criticaba, cómo si fuera algo terrible. Para mi era el espectacular espectáculo. Pensé en mi país. "Acá, para los uruguayos, la murga y el carnaval son una pasión tan fuerte como para los argentinos es el fútbol", me había dicho Santiago. Alguien que nunca vió un partido de fútbol no va a criticarlo, va a verlo con emoción, sin saber que puede tener fallas. ¿Qué es, en realidad, una pasión? ¿Estar embobado? ¿Amar algo por sobre todas las cosas sin saber por qué? ¿Para qué apasionarse con algo hasta el cansancio cuando hay tantas cosas nuevas por conocer?
Y quize que cada argentino se silenciara como yo y se sentara a escuchar a ésos críticos musicales, disfraces cantantes que hablaban de una realidad de un país con el nombre de un río. Era casi egoísta quedarme yo sola con esa novedad.

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