(Noto la antigüedad de estas palabras, aunque sé que siguen vivas)
Creo pero no sé si tengo la realidad entre mis manos, cada vez que sonrío ante tu sonrisa me doy cuenta que tengo que seguir cruzando puentes para alcanzarte, estás sordo ciego y mudo respecto a mis adentros. ¿No te enteras? Tengo largas conversaciones planeadas, cerca de la laguna donde mueren las penas. Dejemos que brille este abrazo, queremos enterarnos de lo que no sabemos. Me duele, te tengo cerca de mis lluvias, para cuidarme de algo que producís. Mientras canto para vos, mientras quiero ser escuchada.
En las comisuras de tus labios hay un beso por dar, debajo de estrellas acarameladas, debajo de una noche de tintineos. En la confusión de la certeza, en la piel de nuestras manos. Se esconden sonidos, palabras, tiempo. Ese tiempo que nos sobra y nos falta. Dos años, ¿y después? No quiero caer por tus escaleras, resbalarme y perder. No quiero encontrarte lejos, mientras estás casi dentro mío.
A veces. A veces me voy. Quisiera saber quién me ocupa, qué me tiene acá pensándote. Prefiero cuidarme, prefiero reirme, prefiero escuchar, prefiero sentir, prefiero besar. Te prefiero mientras no me gusta que dejamos de ser incondicionales el uno del otro. Algunas cosas se terminan y otras quedan en nosotros para siempre. Ya sé que diríamos que no ante todo, ya sé; la espera. Conocemos nuestros límites, mientras no sabemos hasta donde llegar, no sabemos cuando vamos a dejar de perdernos en los laberintos de ésto.
La ilusión de una cinta que no se corta, la ilusión de sentarnos sobre el pasto húmedo, con caricias risueñas, con amigos a tu alrededor. Si el sol ya se fue... no tenemos nada que explicar. Como si el tiempo se terminara con nuestra fusión. Tan esperada, tan lejana, tan imposible. Dejemos el miedo a un lado, pensemos en el tiempo que queda.
Podría, tanto como no.
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