12.03.2010

Tarde de inconsciente colectivo



La decisión tomada me la borraste con pintura azul sobre mi mejilla. Y después me abrazaste con los brazos enharinados, ya cansados, ya secos. Me abrazaste por la espalda, sin la suavidad que siempre intenté encontrar en tus maneras, intentando pausar los minutos que ya gastaste. Que gastamos sin el otro.
Cada vez que te veo sentado contra the wall, ojos cerrados, labios hinchados, intento descifrar lo que pasa por tu cabeza, aunque ya lo sé, y no entiendo la tragedia que ves en los días. Cada día vacío. Cada una de esas horas llenas de palabras en dos pequeñas pantallas, tras los sonidos, las vibraciones, intento tras intento, cada oportunidad.
Sólo sabes pensar en cuán frías son mis acciones, y me ves como si fuera otra. Guardas las expectativas, buscando lo que esperabas en un cuerpo. En el mío, que todavía no probás. Y seguimos pretendiendo, seguimos intentando.
Te escucho conversar (¿por qué con otros?) y me apasiona cuánto te apasiona otro ladrillo en la pared, y cómo son los pequeños martillos dentro del piano, cómo suenan los latidos de los tambores que te acompañan. Me sonreís mientras hablas sobre cine.
Me olvido apenas te escucho pensar que la vida no es en rosa. Que el amor, que hablar, que contar, que decir, que querer, que pensar, que pelear, que estás seguro de que hacés todo mal.
Suppouse I never ever saw you, podes llegar a aprender de lo que no existió.

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