7.04.2010

El art según Albert

En blanco y negro, la piel lisa, ojos enormes, pómulos de Buster Keaton. Se mueve torpemente, mira entre los rincones de un barco que se menea con el ritmo de la marea y las sillas sobre la cubierta van de un lado al otro. Resisten viento y marea. De fondo, el piano.
Felisberto Hernández toca ese piano para las imágenes mudas. Dándole otra vuelta al arte cinematográfico, deja que sus dedos golpeen con emoción cada tecla, salteándose notas, robando melodías. Le han dicho más de una vez que su talento es envidiado, al igual que lo serán muchos otros artistas a través de la historia.
No me incluyo en esos envidiosos. Creo que los artistas son puro egoísmo, que quienes los envidian están cubiertos de cholulaje. Aprendí que el arte es la mirada y la vida de su autor mismo. Verla, analizarla, es querer leer en las obras sus vivencias. La gente se interesa en el desmenuzar de las anécdotas, quieren encontrar situaciones en las que el autor estuvo presente. Quieren encontrar en las obras los deseos y miedos del artista.
Sin embargo, los administradores y oficinistas saben lo que es trabajar. Crean las historias cotidianas sobre las que los artistas trabajan.
¡Qué generosidad la suya!
Los escritores, sin embargo, roban pedazos de éstas generosas vidas para crear historias impregnadas en papel que, finalmente, ¿para qué sirven? Para que disimuladas mujeres compren sus libros en lugar de la revista "Chismes". Y quiero aclarar que mi suegro trabaja en su dirección y no tengo nada en contra de la lectura de la revista. Aunque sé sobre el desprecio que produce, especialmente en los intelectuales que suelen creer que ese no es el nivel de literatura apropiado.
¿Qué puede ser más sincero y concreto?
Fotos románticas, el posible embarazo de la actriz de la novela del momento (que, si se me permite decirlo, es cada año la misma atrapante historia) y la operación de senos de alguna vedette.
Antes de querer saber sobre una vida depresiva, repleta de drogas y alcohol (cual típico artista) ¿por qué no ir al grano, interesándose en historias con la gente que vemos cada noche en la TV?
Es hora de reducir la hipocresía, de dejar de usarnos como musas para su trabajo. Y que el arte sea lo que deba ser.
Por eso, queridos, estimado, envidiosos (y envidiados) artistas: RENUNCIEN.
Robar es un delito en ésta sociedad, no querrán ir presos, señores.
Les recomiendo que averigüen, anduvieron diciendo que la secretaria renunció para convertirse en pintora. Parece haber un gran número de casos perdidos.

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