8.02.2010

Vals

Dos nombres, dos sueños cada noche, mientras están hambrientos. Dos cuerpos que bajan las escaleras para comer lo que puedan encontrar en la alacena. Cuatro manos que agarran, que muerden, que lastiman, devoran. Cuatro manos que parten, cortan, arrancan. Dos palmas que se acarician. Diez dedos entrelazados. Dos miradas clavadas, van de una pupila a la otra. Una luz que se apaga.
Se durmió con la sensación de no estar sola, y de haber dejado algún velador prendido. Se le enfriaba el té mientras roncaba.

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