6.21.2010

Sobre Juan vé Justo.

Ah, mirá, la plancha al pelo. Te queda lindo, supongo. Aunque te prefiero igual que siempre. Panchi dale, mirame a los ojos o me voy a caer. Seguí bailando, dale, que todavía no te pude ver, estás tan lejos. Y tan linda. Ese vestido azul, tus ojos me miran de reojo en el hueco que dejan los demás borrachos. Dale, que ya cierra la disco. No te ví en todo el verano y ahora decirme jugate a mi mismo ya no sirve. Si ya sé que para llegar a vos tengo que romper las cadenas que me atan a la barra, cruzar la muralla de tus amigas, reirme como si nada, escalar hasta llegar a tus manos y quebrar el vidrio de nuestra amistad hasta sentir tus labios. Adentro del nubarrón, el mar, y más adentro lluvia con el río dentro suyo, más adentro, el cielo y la hierba. Mirame de nuevo a ver que más veo, Francisca.

Oh, sabés mi amor, que mi prettiest friend me gusta más que vos. Y a ÉL le gusto yo más de lo que le gustás vos.
¿Y mi ego, nena? ¿Qué hago con mis queridos anteojos, nena?
Tenés razón. Lola Mento, así termina la historia Jaime.
Y lloré y supuse que caminando para el otro lado iba a estar mejor. Pero para sacar un clavo necesitás un martillo de esos con formita rara, Juan. Los clavos no saben sacar a los otros clavos.
Mejor dejo pasar la historia y me cambio a química.
(Le contó Jaime esa misma noche antes de irse, a las 6 y cuarenta y dos de la mañana.)

En la maceta de la ventana habían puesto cactus para que las palomas de la capital no arruinaran la bella view de su little flat. Eran la francesa con el rusito, el alto con la baja, el flaco con la flaca. ¿Qué esperaban de una vida en Juan B. Justo?
La francesa y su terrible manía de querer volver adorable lo que no lo es. Lo kitsch, el felpudo rosa sobre el inodoro. Francisca tenía la cabeza de poodle más adorable, la pesadilla de su mamá. Esas tardes de luchar con el cepillo, la crema, el peine, la ducha.

La sonrisa en los labios de Francisca. Por suerte, su anterior cuarto se había convertido en una muy adorable oficina dentro de un departamento, en un edificio, sobre Juan B. Justo. Y la disco de esos viejos años adolescentes era ahora un estacionamiento. Y Juan ya no la vé justo porque él vive en Uruguay.

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