Estaba esperando sobre la vereda y se cruzó con alguien a quién no conocía. ¿Quién sería? Ojos pardos, piel oscura.
Mejor.Mujer.
Nunca le habló, pero al día siguiente Clara lo llamó. Le dijo que los chicos iban a juntarse en el río por la noche, que fuera, que lo extrañaba, que llevara un Baggio Multifruta.
Como vivía en Vicente López... tuvo que pasar a buscarla.
-¡Graaaaacias, sos un amor!
Caminaron treinta cuadras para lograr divisar el agua: negra
el pasto: negro
Clara, blanca.
Y ella no paraba de reír, y de gritar, y de saltar. Y la extrañaba.
Una nochecita de invierno como cualquier otra. De esas con luna y río, y pasto, y guitarra, y la fiesta que no les funcionó y mates y Frutigran, a la vuelta. Y un deja vú que no les funcionó ésta vez.
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