Es increible la gran sonrisa que pueden poner un par de palabras en un rostro.
Se secó la transpiración
Neblina infinita que convierte al paraíso en una sombra. Desde el balcón, la lluvia se convierte en crema, se chorrea y derrite entre mis dedos. La voy soltando. No hay tormenta más suave, no hubo otra tan colorida. Pero hay un tallo que se asoma por la ventana, verde y bordó, como ésta canción. Y aclara, mientras la parte arenosa (que el mar decide no tocar en sus tiempos de monarca) se inunda de moléculas invisibles. Mi capuccino se enfría y el piano de Drexler se mezcla con la música clásica de una película muda.
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